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EL MOLINO DE RIO
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Estos interesantes y útiles artefactos fueron muy numerosos en todos los ríos del Concejo, las noticias de cada época difieren un poco en cuanto al número y la identificación de los mismos, pero los testimonios escritos revelan una masa crítica suficiente como para animarnos a recorrer alguno de estos ríos, desde el nacimiento a la desembocadura, y constatar que, en el transcurso de un par de generaciones está en trance de borrarse definitivamente la huella de los batanes y molinos llaniscos. Este trabajo pretende ser una sugerencia para paseantes, curiosos e interesados, que además requieran un repaso por la toponimia y la geografía local, pues la mayor parte de ríos, arroyos y fuentes carecen de una señalización e identificación clara. No hace mucho que en los márgenes de los ríos medianos y más pequeños, como el Carrocedo, Calabres, Bedón, Ereba, de Amia, de Urade, San Acisclo, de la Llanca, Vocallo, Purón, Cabra, el río de Poo, de la Agüyera, de Vibaño, Riensena, Mere, río San Miguel, Mestas y de las Cabras. En los arroyos de Bolugo, Cortines, Riofresno, de Naves y del Hoyo, así como en las fuentes de la Cueva, Moscadoria, las Coladiellas, Alloro, del Jou , y Balmori, Porrúa y otras, se acumulan estas construcciones aprovechando cualquier caudal de agua por pequeño que fuese, incluso los menores manantiales. En la primera mitad del siglo XX fueron cayendo en desuso, primero los batanes, ya que el comercio y el aumento del nivel de vida relegó el sayal, una tela tosca y poco apreciada, aunque barata y resistente. Los molinos harineros duraron bastante más. Muchos de ellos molían harina de maíz sobrepasada la década de los años cincuenta, y sus ruinas son muy recientes. Recientes pero profundas. En muchos casos la ruina fue natural por abandono, pero en otros ha sido precipitada por la retirada de las piedras molares, y la rotura de las partes de madera, apreciadas para decoración, y también por el aprovechamiento de la piedra de los muros para cercas y cabañas.

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