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Llanes,
capital del concejo, ofrece el aspecto de una villa histórica con una
clara inclinación, actualmente, hacia la oferta de servicios para el
turista ocasional y los asiduos veraneantes que, año tras año, vuelven
a reunirse en sus playas. Su personalidad histórica [patente a simple
vista en la cerca medieval que rodea el casco antiguo], la multitud
de playas que alojan los alrededores y la extraordinaria belleza de
sus parajes más próximos hacen de la villa un lugar idóneo para las
vacaciones. El paseo de San Pedro, el de San Antón, el río Carrocedo
y el Puerto son los ejes sobre los que se levanta esta Villa, en otro
tiempo importante puerto pesquero y ballenero. Esta fue una de las principales
actividades económicas de la villa durante los últimos cuatro siglos,
si bien ha decaído recientemente en beneficio de las actividades turísticas
y de servicios. Las calles y edificios de barrio de La Moría muestran
todavía e inconfundible aire marinero de los pueblos pesqueros y sus
bares y restaurantes reflejan en sus platos y recetas la pervivencia
de la cultura del mar. El casco antiguo, guarecido tras el cercado medieval
que se levantó como consecuencia del otorgamiento del Fuero con que
Llanes adquirió la calidad de «villa» en el primer tercio del siglo
XIII, declarado "conjunto histórico-artístico", conserva aún
importantes muestras de arquitectura civil, religiosa y militar. La
importante actividad pesquera y el paso de una de las variantes del
camino de Santiago convirtió a Llanes en un enclave económico y cultural
de singular interés. Los palacios y casonas de las grandes familias
(palacio de Gastañaga, de los Duques de Estrada, Casa del Cercau, la
antigua casa de Posada Herrera hoy convertida en Casa de cultura, la
Basílica de Santa María del Conceyu, la Torre, hoy Oficina de Turismo),
y el cercado defensivo, son símbolos de la importancia que llegó a adquirir
Llanes. El paso de tiempo ha ido añadiendo a la villa notas arquitectónicas
de signo
distinto, pero igualmente esplendorosas, como el Ayuntamiento y el Casino,
en la calle principal de la villa, o las casas de los que volvieron
enriquecidos de las Américas, (las Casonas de Indianos) como las que
flanquean a ambos lados la Avda. de la Concepción. En franco homenaje
a los amantes contemplativos de la mar y sus furias o del sereno y armonioso
urbanismo de trazado de sus calles, se alza el paseo de San Pedro, sobre
las impresionantes cantiles del Cantábrico.
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